• Karina Riquelme Viveros

La justicia no está en las herramientas del amo


Cuando me invitan a escribir siempre es un regalo. Poder trasladar a palabras los pensamientos que durante este tiempo en el que nos encontramos, puede que divaguen de maneras distintas a cómo se movían hace unos meses atrás, más intensos quizás ¿Más todavía? Escribir desde este encierro histórico, que de seguro sacará palabras, formas, seres distintos. Ya nunca seremos los mismos.

El tema a conversar -me dicen- es género. Aquí el regalo se amplía siendo mujer y habiendo rumiado constantemente lo que significa serlo y ser, además, como muchas otras una sobreviviente a la violencia de género. Pues sí, no puedo hablar de género en estos momentos, si no es desde la vivencia, que es la vivencia de la mayoría de nosotras; una realidad bien dolorosa, de violencia descarnada, que vivimos por el solo hecho de ser mujer y en la cual se descubren muchas cosas. No siempre se entiende lo que se vive y tampoco lo que vive quien está a tu lado. Mas, si has vivido esta violencia desde niña, estos episodios que podrían fácilmente ser parte de una película de terror nos acompañan de por vida y luego son, sin darte cuenta, sin conversarlo mucho, parte de una búsqueda.

¿Qué se busca cuando se sufre violencia de género? Difícil, muy difícil respuesta; ni siquiera yo estoy tan clara ¿Podríamos dar una respuesta general que nos represente a todas, a todas las mujeres que hemos vivido violencias de distintas maneras, en distintas edades, de distintas formas, algunas que ni siquiera pueden decirlo porque están muertas? Hay una palabra que sí podría representarnos a todes: ¡Justicia! ¡Queremos Justicia! La Justicia puede significar muchas cosas, dependiendo de dónde estemos paradas ¿Se nos vienen muchas cosas a la cabeza, no? No es fácil en algunos casos; en otros es determinante, no hay duda de lo que se busca. Y para buscar “eso” hay distintos métodos, institucionales, comunitarios y también uno del que poco se conversa, que es el personal, el íntimo, ese al que no siempre se puede siquiera echarle mano.


¿Cómo busco justicia, entonces? Va a depender de muchos factores. Y ahí es dónde creo debemos todes poner mucha atención. Porque creo que hay que volver a aprender a respetarnos entre nosotras, las Sobrevivientes; respetar las distintas formas de buscar esas justicias, porque no es fácil -lo sabemos- y no siempre la búsqueda de justicia será perfecta. ¿Y por qué digo perfecta? porque transitamos todes en esta búsqueda que históricamente ha estado llena de impunidad, impunidad que de por sí genera otros sentimientos, como la rabia y el odio, sentimientos que al inundarnos pueden provocar múltiples reacciones y búsquedas, las que en el ámbito personal no nos ayudarán a sanar este mundo secuestrado completamente, desde siempre y en todos los rincones, por el Patriarcado.

Esa justicia que replica la impunidad es la que se encuentra en la institucionalidad, la que nos entrega la forma de ser del Estado, con sus distintas manos, de distintas formas, mejor o peor, dependiendo de la suerte que te toque, de quien te atienda. Una justicia que irremediablemente ve en el CASTIGO el método de lograr una victoria o un triunfo para la víctima. Este castigo generalmente debiera ser privación de libertad. Ese sería el triunfo, privar más o menos de libertad a quien realizó el acto, el delito, el hecho, la aberración. Históricamente, hay mucha impunidad. Podríamos decir que “la mayor parte de quienes ejercen violencia de género han obtenido una sanción de parte de tu Justicia, Señor Estado” -si estuviéramos hablando con él, claro está. Le podríamos decir que ha liberado a violadores y femicidas y, más aún, que ha culpabilizado constantemente a la mujer por ser mujer y por ser víctima. Mal, mal, muy mal. Esta institucionalidad de por sí da rabia, duele, pero no cualquier dolor. Es un dolor que nos atraviesa, nos atraviesa a todas las mujeres, intensamente, todos los días, cada vez que caminamos a casa solas. ¿Por qué, entonces, seguimos buscando justicia ahí? ¿Por qué seguimos entregándoles a “Ellos” algo tan importante como repararnos? Yo en lo personal, siento un pedazo dentro mío que fue podrido, con toda la consecuencia que tiene algo podrido dentro de un ser vivo. Y sinceramente no quiero que esto le vuelva a pasar a alguien más. Creo que nuevamente ahí podemos estar todes de acuerdo; no queremos que más niñes sufran lo que hemos sufrido ¡No más SOBREVIVIENTES! Nos queremos libres, nos queremos llenas de amor, alegres, viviendo.

Para lograr justicia, justicia de mujeres quizás, podríamos dejar de concentrar nuestras fuerzas en el castigo, porque lo podrido que alguien nos hizo no se irá castigando a otro. Y no es que no se deba hacer; acá nada está dicho y cada cual seguirá buscando su forma. Pero, en esa búsqueda mirémonos nuevamente, a la compañera que dejaste de hablar porque no quiso tomar tu misma forma. Y recordemos que, como dicen las sabias zapatistas, somos, seremos y seguiremos siendo muy distintas. Sin embargo, tenemos algo en común y es que somos mujeres y a todes nos matan. Cuando nos reafirmemos en ese amor base entre nosotres, entonces veamos cómo lo hacemos, para lograr la justicia que tanto queremos. Conversemos lo que sentimos y dejemos a cada quien en su interior continuar la búsqueda de ese “algo” que puede estar más cerca de lo que se imagina.

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