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  • Lacroix/Espinoza

La zonas de peligro son inevitables, me gritan.../ Pablo Lacroix Textos/Karen Espinoza Fotos



Cuidado. Las zonas de peligro son inteligibles, me dicen. Las zonas de peligro son inevitables, me gritan. Son calles o bares que configuran una experiencia monstruosa, que predican la pulsión de muerte, esa pulsión que te corta la piel. Que te impulsan a la rabia, me gritan, que te cortan el placer, eso dicen. Las zonas de peligro son un campo de batalla, me dicen. Y yo, yo me niego. Las zonas de peligro son inevitables, me gritan. Y no, yo no creo. Me rodean en silencio, en silencio me lamen el ojo, y en secreto me expulsan, con bombos y platillos, de las calles y alamedas en el desierto de Chile. Me atrofian la boca, me cortan la piel, me gritan al oído, pero yo lo niego. Las zonas de peligro son irreparables. Sin ninguna oscilación escotan la herida, sin ninguna oscilación te rompen la boca, pero yo me niego.  Sí, mil veces me niego. Las zonas de peligro no pueden contra mi belleza. Tampoco mi voz.




Las zonas de peligro no son las calles de Chile, ni los bares de Chile, ni las discos de Chile, que se levantan en llamas. Las zonas de peligro no son mi biografía, no son mi poema, ni tampoco mi escritura que florece a pedazos. Las zonas de peligro no existen para mí, porque yo soy el peligro, y el peligro define las coordenadas de la ciudad que habito, mi ciudad hermosa y nocturna: la ciudad de la furia. Yo soy la belleza, y la ciudad de la furia soy yo, una ciudad de arcoíris que se rinde a mis pies. Las zonas de peligro intentan enlutar mi vida, o esa escara que desean se infecte por la confusión y el miedo. Las zonas de peligro evitan los tacos, el terciopelo, la pasarela a mitad de la noche.




Y  no pronuncian la palabra tul, no pronuncian la palabra música: y menos la palabra brillo. Las zonas de peligro son pacos o militares con un arma blanda que no se enciende con nada. Yo soy la furia, el deseo, yo soy la ciudad furiosa que se levanta en la noche.  Yo soy esa ciudad que no le teme a esas zonas.  Y me niego y resisto y brillo mil veces. Las zonas de peligro nos temen más que el temor que sentimos nosotres por ellas. Así que cuidado, mucho cuidado, perritx, pues vivo en la frontera, en la sangre del margen, en las calles negativas de Chile. En los bordes  que renacen en llamas. Bailo en la basura, y la basura es mi glamour, y bailo, y brillo, y bailo, y grito, y bailo y me nutro del amor, de la sangre, de ese coito profundo que siento como sudor a caramelo, y que endulza mis piernas.




Mi país es otro. Es mi cuerpa. Otra vida. Otro desierto, en negativo y que brilla. Un pájaro de violencia, un deseo, mi fantasía, mi único amor. Esas noches oscuras que se transforman en sexo. Cuidado. Caer es fácil. Pero yo me niego, mil veces. Soy furia, la ciudad de la furia, el grito  de una legión de vampiras, lobas, monstruos de barro, serpientes y otras bestias hermosas que lamen la herida y la transforman en redención y amor. Las zonas de peligro no existen cuando maquillo mi rostro, me visto hermose, y recorro la calles hermoses, en una noche hermose, por los desiertos negativos de Chile.

 

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